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EL CARISMA Y LA ESPIRITUALIDAD VICENCIANA

Aprende sobre nuestro modo de vida y las cinco características de la espiritualidad vicenciana que todo aquel que quiera decir #YoSoyVicente necesita practicar.

Esta presentación se dio durante el Encuentro Latinoamericano de la Familia Vicenciana en Guatemala, el 19 de marzo de 2015.

Introducción

El tema que me han dado nace de la experiencia vicentina de Jesús. El carisma vicentino y la espiritualidad vicentina se tratan del encuentro con Cristo pobre presente entre los pobres. Para San Vicente las dos preguntas claves son: ¿Quién es Jesús y cómo lo sigo? En su proceso de conversión iba captando, paulatinamente, el sentido de las dos preguntas. Su conversión es el proceso de conocer a Jesús y tomar el camino de los discípulos, el camino del Reino.

Al tomar el camino, Vicente descubre el carisma y la espiritualidad la cual le permite crear una vida en torno al carisma. La iniciativa aquí es de Jesús. Jesús invita y Vicente lucha con la respuesta. El Cristo pobre se revela y Vicente tiene que abrir su vida. El Espíritu de Jesús actúa y Vicente contesta con su vida.

El carisma que Jesús le reveló al santo es el servicio a los pobres. Es el don del Espíritu Santo para el Reino de Dios. Los carismas siempre se tratan del Reino. Resaltan un elemento esencial del Reino. El elemento evangélico que el carisma vicentino señala es que el Reino es para los pobres. EL carisma, pues, no es una idea inventada por Vicente de Paúl, sino un don de Dios que el santo descubrió en el camino.

El carisma es misterio. En el transcurso de la historia y la experiencia vicentina lo que significa el carisma se revela. Nadie – ni siquiera San Vicente- capta completamente las consecuencias de aceptar el don. Poco a Poco el Espíritu Santo va guiándonos hacia la vivencia del carisma en nuevas situaciones. Siempre permite nuevas revelaciones, nuevas ideas, nuevos estilos de vivir el carisma.

El carisma siempre incluye la dinámica de la llamada y la respuesta. Cristo pobre nos llama desde las periferias y nos invita a responder. La espiritualidad vicentina es la respuesta a la llamada de Cristo pobre entre los empobrecidos.

La espiritualidad vicentina, en primer lugar, no se trata de citas del santo fundador, ni de oraciones, virtudes obras, ni actos de piedad. Se trata del seguimiento de Jesús entre los más pobres y excluídos. Por supuesto todas estas cosas tienen su lugar.  Pero solamente en la medida que nos ayudan a seguir a Jesús, evangelizador de los pobres.

Déjenme señalar cinco características de una espiritualidad vicentina que nos permite vivir el carisma:

Cinco características de una espiritualidad vicentina

  1. Dios nos lleva al mundo

En Jesús Dios se insertó en el mundo como nuestro hermano y salvador. No nos salva desde arriba ni desde afuera, sino desde la humanidad.

¡Nosotros no llevamos a Cristo al mundo! Al contrario, El nos lleva a nosotros al mundo. El mundo es la creación de Dios, el lugar de su gracia, el lugar de nuestra salvación. Separarse o intentar escapar el mundo no es vicentino. Por supuesto existe el pecado en el mundo, cosas que esconden la presencia de Dios, que desfiguran su imagen. Pero, como dice San Pablo, donde el pecado abunda, la gracia abunda más.

La espiritualidad vicentina es un compromiso con el mundo. Los problemas del mundo son nuestros problemas. Los sufrimientos y las debilidades de nuestros hermanos pecadores no son ajenos. Quizás no tengamos todas las respuestas a todos los problemas. Sin embargo, nos ponemos de pie, hombro a hombro, con los demás peregrinos para cuestionar la realidad del mundo actual. La tarea aquí es ser más humano.

Entramos en el mundo como portadores del evangelio. Evangelizar no es solamente catequizar y celebrar el culto. Más bien es la liberación de todo mal que oprime a la humanidad. Es crear la posibilidad de nuevas relaciones con Dios Padre y con los demás como hermanos y hermanas.

La Buena Notica del evangelio no es buena noticia porque yo digo que sí, sino porque las personas experimentan una transformación en su situación del mal. La evangelización comienza, no con palabras piadosas y frases bíblicas, sino como una respuesta a las malas noticias que la gente sufren:

El hambre, el desempleo, la injusticia, el conflicto, la violencia, la falta de sentido, la pobreza.

  1. Dios nos espera entre los pobres

Cuando Cristo nos invita a seguirlo, lo hace desde los pobres. Y desde los pobres tenemos que contestar: ¿Quién es Dios? ¿Quiénes son los pobres? ¿Cómo nos relacionamos con ellos? Este es el eje principal de nuestra espiritualidad.  Permítanme ofrecer tres clarificaciones:

a) Los pobres tienen valor en si

No voy a los pobres solamente porque Cristo está presente allí. Voy a los pobres porque son mis hermanos y hermanas sufridos. Son la prioridad del Reino de Dios. Atiendo a los pobres por su dignidad personal.  Son sujetos de su propia vida, no recipientes de lástima y limosnas.

b) Cristo nos llama a servir a los pobres, no sólo a los pobres buenos

A veces hablamos de ser evangelizados por los pobres. Pienso que mal entendemos la frase. Estamos hablando de los pobres buenos, los que van a la misa, viven una vida moral, comparten desde su pobreza. Pero creo que la llamada es de servir a los pobres, buenos y malos. No podemos limitar nuestro servicio para preguntar si las personas son dignas o no.  Aún los maleantes nos evangelizan.  Nos llaman a amar  a los no amables. Nos ponen en contacto con nuestro propio pecado y debilidad y nos invitan a ser compasivos.

c) La presencia de Cristo es sacramental

San Vicente habla de encontrar a Cristo en los pobres. Raras veces habla de ver a Cristo en los pobres. Es porque la presencia de Cristo es sacramental, no física. Hablar de ver a Cristo en los pobres causa confusión porque es una forma de hablar muy piadosa, pero no corresponde a la experiencia. Si literalmente ves a Cristo en los pobres o eres un místico (y no son muchos) o necesitas ayuda profesional. Hablar de ver a Cristo en los pobres crea falsas expectativas y fantasía.

La experiencia de Cristo en los pobres es sacramental. Es una experiencia de fe que me dice que en el encuentro con los pobres algo más está pasando. No es un dato sobre-evidente. Es una reflexión de fe sobre el encuentro con el pobre. Con frecuencia solamente caigo en la cuenta de la presencia de Cristo después del encuentro con el pobre.

  1. Cristo nos invita a la misión

Seguir a Cristo entre los pobres significa ser misionero. El espíritu misionero no es ganas de andar. Saltar de lugar en lugar probablemente es más un obstáculo a la misión que algo positivo.

Ser misionero es salir de su mundo, su lugar seguro, para entrar en el mundo del otro. Es dejar se espacio para entrar en el espacio del pobre para acompañar con el evangelio. Es una tarea difícil. Somos personas del centro, económica y socialmente hablando. Los pobres viven en las periferias donde existe otra realidad, otros valores, otra cultura, otra expresión religiosa. El cambio no es necesariamente geográfico.  Ser misionero es adaptarse a la realidad delos pobres.

El peligro para los misioneros es imponer su realidad. Mi manera es la única manera. Mi expresión religiosa es la única que vale. Sé cuáles son la necesidades de los pobres y que quieren (sin preguntarles), Aquí es donde entran la virtudes vicentinas. La humildad para escuchar y acompañar sin mandar. La sencillez de entender mis verdaderos motivos en la misión. La mortificación para sacrificar algo de lo mío por el bien de los pobres. La mansedumbre para manejar los choques culturales. La caridad y celo evangélico expresados en el deseo de entrar en un mundo nuevo.

Dicho simplemente, el reto para los misioneros es: ¿cómo vivir y compartir el evangelio en otra realidad?

VER OTROS ENLACES SOBRE EL TEMA

El origen del carisma vicenciano • Una reflexión semanal con Vicente

 

 

3 Responses

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