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Jesucristo y la práctica Vicentina

Jesucristo y la práctica diaria del Vicentino

¡Cristo es nuestro modelo, nuestro ejemplo, nuestra vida! Él trajo la salvación al mundo (Lc 19,10). En el tiempo de Cuaresma es siempre un consuelo hablar de Nuestro Señor Jesucristo dentro de las reuniones y actividades de la Familia Vicenciana, en particular las de la Sociedad de San Vicente de Paúl.

Al final, nosotros, vicentinos, tenemos siempre que hablar de Jesús. No sólo hablar, sino actuar como Jesús. A veces es difícil porque somos pecadores; pero tenemos que intentarlo y perseverar en ello. San Vicente de Paúl nos enseñó eso: a actuar con gestos y palabras, centrándonos en las virtudes que nos conectan con Dios.

Cristo es nuestra luz, nuestra salvación, nuestra esperanza, nuestra vida. Él es la sal de la Tierra, y la luz del mundo (Mt 5, 13). Sin Él, estamos perdidos. Como decía la Santa Madre Teresa, “la falta de Cristo es la mayor de las pobrezas”.

El vicentino necesita conocer a Cristo con mayor profundidad, para poder ser reflejo de Él y mostrar su ejemplo con su vida. Cristo perdonaba y daba siempre una nueva oportunidad a los pecadores; el vicentino tiene que perdonar también. Cristo era puro; el vicentino debe ser puro de corazón también. Cristo no juzgaba; el vicentino no debe juzgar. Cristo era tolerante; el vicentino también debe ser tolerante.

Cristo era bondadoso, pasó la vida haciendo el bien (Hch 10, 38); el vicentino tiene que hacer lo mismo. Cristo era compasivo, y así nosotros debemos también practicar la compasión. Cristo era humilde; el vicentino necesita ser humilde. Cristo amaba a los pobres; el vicentino también debe amar a los pobres. Cristo valoraba la familia; nosotros, los vicentinos, tenemos que defender también a la familia.

Un cristiano no puede ser duro de corazón, intolerante, inflexible, injusto. Por lo tanto, una “vida nueva en Cristo” es lo que el mundo necesita oír, ver, escuchar y experimentar. Hay miles de millones de habitantes de este planeta que todavía no conocen el mensaje de Nuestro Señor Jesucristo, que es nuestro MAESTRO y SEÑOR.

Por eso, San Vicente comparaba a CRISTO con los POBRES; si vemos el rostro de Cristo en los pobres, estos deben ser vistos como nuestros AMOS, REYES, MAESTROS y SEÑORES.

¡Que todos ustedes tengan una santa Cuaresma, con Cristo vivo en nuestros corazones!

Consocio Renato Lima de Oliveira
16º Presidente General
Sociedad de San Vicente de Paúl

Tomado de:famvin.org

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