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MEMORIAS DE LA BEATA ROSALÍA RENDU

El 7 de febrero la Familia Vicenciana celebra la memoria de la beata Rosalía Rendu. Rosalía fue una mujer extraordinaria. La energía, la creatividad, la fidelidad, la valentía de Rosalía irradian en los relatos de quienes la conocieron. Era una mujer audaz y voluntariosa. Se situaba en el hilo directo del “más” vicenciano. Por ello, compartimos el artículo del Superior General de la Congregación de la Misión y de las Hijas de la Caridad, Robert P. Maloney, C.M.

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Cinco rostros de Rosalía Rendu

Rosalía Rendu fue una mujer extraordinaria. Aunque las numerosas biografías escritas son pobres en calidad1, la energía, la creatividad, la fidelidad, la valentía de Rosalía irradian en los relatos de quienes la conocieron2. Se había hecho célebre mucho antes de su muerte. Una multitud inmensa —se calcula entre cuarenta y cincuenta mil personas de todas las clases sociales— acudió a su funeral el 9 de febrero de 1856. Por eso, mientras esperamos con impaciencia su beatificación, pienso en unas elocuentes palabras de Sakespeare:

«Cuando muera, cogedla y cortadla en pequeñas estrellas, y hará que el rostro del cielo sea tan bello que todo el mundo estará enamorado de la noche»3 …

La Iglesia beatifica y canoniza a hombres y mujeres precisamente por esta razón: para que brillen para nosotros como estrellas; para que, en medio de nuestras tinieblas, podamos ver, a su ejemplo, lo que significa verdaderamente ser santo. Los santos hacen la santidad palpable y concreta. Por eso hoy, permitanme presentarles cinco rostros de Rosalía Rendu.

1. Trabajadora y organizadora extraordinaria.

Archives CM PARIS

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Rosalía nació el 9 de septiembre de 1786 en Confort, una localidad de Savoie. Tenía justo 15 años cuando vino a París y aquí pasó más de 50 años de su vida, en el barrio Mouffetard. Las Obras eran prodigiosas. Había una escuela primaria donde Sor Rosalía enseñó en sus comienzos y que dirigió más tarde. Aunque tenía un nivel de instrucción no muy alto (los biógrafos nos dicen que no supo nunca escribir bien el francés), ella y las demás Hermanas trabajaban laboriosa y fervientemente enseñando a las niñas la lectura, la escritura, el cálculo elemental y el catecismo.

Para las jóvenes y las madres más necesitadas, Rosalía organizó muy pronto clases de costura y bordado. Más tarde, fundó una guardería y un parvulario donde se hacían cargo, durante todo el día, de los hijos de las madres trabajadoras. Para esas mismas jóvenes, fundó las Hijas de María con una rama para madres cristianas dedicada a Nuestra Señora del Buen Consejo.

Aunque Rosalía no fue partidaria de los orfanatos, en 1851 aceptó administrar uno y en 1852 abrió un asilo para ancianos.

Además, ella y sus Hermanas dirigían un centro de acogida donde distribuían vales para alimentos y leña; tenían también una farmacia, un dispensario y un vestuario para proporcionar ropa. Ayudó al establecimiento de las Conferencias de San Vicente de Paúl y daba consejos a sus miembros. Participó en el restablecimiento de las Damas de la Caridad en 1840. Atendía a enfermos y moribundos en las frecuentes epidemias de cólera, y, sobre todo, visitó durante toda su vida en sus domicilios a los pobres y los enfermos. Durante las epidemias que hubo entre 1849 y 1854, morían más de 150 personas cada día en la parroquia donde trabajaban sus Hermanas. Servían a los pobres, acompañaban a los moribundos y enterraban a los muertos.

El secreto de la prodigiosa energía de Rosalía y de sus numerosas obras era precisamente el secreto que San Vicente legó a todos sus discípulos: veía el rostro de Cristo en la persona de los pobres. Éste era también el parecer del teólogo que estudió sus escritos en abril de 19564. Una de las Hermanas que vivían con ella cuenta cómo Rosalía animaba a la comunidad: «Amemos mucho a Dios, no regateemos cuando tanto se trata del deber, sirvamos bien a los pobres, hablémosles siempre con grana bondad. Si no obramos de esta manera, seremos castigadas: los pobres nos dirán injurias, cuanto más groseros sean, más dignad debemos ser. Recordemos que esos harapos ocultan a Nuestro Señor5.

Dos preguntas para establecer una relación con nuestra vida:

  • A lo largo de su vida, ¿han conocido Hermanas que reflejan este rostro de Rosalía Rendu? ¿Cuáles eran sus nombres?
  • ¿Cuáles eran sus obras importantes? ¿De qué manera eran buenas organizadoras?

2. Superiora local

Aparentemente enferma, enviaron a Rosalía fuera del noviciado cuando todavía no tenía 17 años, con la esperanza de que un cambio de aire podía mejorar su salud. Resulta difícil imaginar que el. aire era mejor en el pobre barrio Mouffetard, pero como completaba allí su seminario, vivía y trabajaba en esta Comunidad y allí se sentía feliz. Muy pronto se ganó el afecto de las Hermanas de aquella casa. Volvió a la Casa Madre para «tomar el hábito», con unas letritas para la Superiora General de parte de la Superiora local, Sor Tardy: «Estoy muy contenta con esta pequeña Rendu; déle el hábito y déjemela6». Y así fue como Jeanne-Marie Rendu, ahora Sor Rosalía, dio sus primeros pasos y llegó a ser el «Apóstol del Barrio Mouffetard», quizá el barrio más miserable de París, donde estuvo hasta el fin de su vida. En 1815, cuando sólo contaba 29 años, fue nombrada Hermana Sirviente, servicio que desempeñó durante 41, hasta su muerte.

¿Cómo era Rosalía como Hermana Sirviente?

Cuando leo los relatos de los primeros testigos de su vida, me llaman la atención tres hechos:

1. Un primo suyo describe las relaciones de Rosalía con las Hermanas de la comunidad con esta frase:

«ternura infinita7». Era muy sensible a todo lo que la rodeaba, esto era evidente tanto en sus contactos con los pobres como en su trato con las Hermanas. Una compañera, citada como testigo escribe: «Si le parecía que una Hermana estaba cansada, subía a su clase y le decía: `Ya voy a quedarme yo con los niños, Hermana, mientras usted va a tomar algo que le he preparado’»8Algunos han considerado su sensibilidad como una falta. En 1844, a la muerte de dos de sus compañeras a quienes quería entrañablemente, Rosalía escribió: «Mi corazón ha tenido algunos sentimientos de rebeldía hacia la mano que nos golpeaba». A uno de los teólogos que ha estudiado sus escritos no le ha gustado esto, pero en realidad Rosalía añadió: «sin embargo tengo confianza en que esos dos ángeles me obtendrán misericordia. Rezarán mientras yo me esfuerce por imitarlos; confío9».

Su primo cuenta que la vio llorar a la muerte de una de sus Hermanas, a quien quería profundamente. En cierta ocasión habló de sus lágrimas a una persona en la que tenía confianza, la cual le contestó: «Tenga la seguridad de que si no quisiera tanto a sus Hermanas, no querría tanto a los pobres» 10.

2. La casa donde Rosalía era Hermana Sirviente se convirtió, por así decirlo, en una «casa de formación», donde destinaron a muchas Hermanas jóvenes. Aprendían de ella, ante todo, cómo servir a los pobres. A lo largo de los años vivieron con ella veintidós postulantes11 y, bajo su dirección, a partir de 1832, se prepararon a los Votos12 dieciocho Hermanas. En el momento de su muerte13, formaban la comunidad doce Hermanas; la mitad de ellas tenían menos de cuatro años de vocación.

Su actitud con las Hermanas jóvenes es evidente en una carta que escribió en 1838 a una Hermana del Seminario: «Aprenda a ser hija de San Vicente, es decir, Hija de la Caridad, heredera de las promesas que Él(Dios) hizo, de dar todo a quien se entregue sin reserva»14.

Es claro que hacía la guerra al amor propio. Una de las Hermanas de la casa afirma: «En la dirección, perseguía sin piedad este defecto: `es nuestro enemigo capital, decía, búsquenlo, lo encontrarán en el fondo de todas las cosas, se disfraza para engañarnos y perdernos, pero hay que cogerlo de cuello y estrangularlo`15.

3. Con la animación de Rosalía, esta casa extraordinariamente activa, era también de manera extraordinaria una casa de oración.

La comunidad que ella animaba se levantaba cada día a las cuatro de la mañana y hacía oración fielmente. Entre las lecturas que Sor Rosalía consideraba como fuente de oración estaba La imitación de Jesucristo ylas obras de Francisco de Sales, a quien llamaba su querido amigo y compatriota de Savoie16. Una de sus compañeras escribe

«Si había que dejar a Dios por Dios y acompañarla a una visita caritativa, nos decía: ‘¡Hermana, comencemos nuestra oración!’. Indicaba el plan, la orientación en pocas palabras, sencillas y claras, y entraba en un santo recogimiento17». El Vizconde de Melun recuerda que, en cierta ocasión, Sor Rosalía había dicho a una Hermana:

«Nunca he hecho tan bien la oración como en la calle18».

Dos preguntas para relacionarlo con nuestra vida:

  • ¿Ha tenido usted misma superioras locales que reflejaban estas tres cualidades de Rosalía mencionadas anteriormente? ¿Cuáles eran sus nombres?
  • ¿Cuáles eran sus cualidades más notables?

3. Mujer intrépida

Según decían todos, esta mujer, llena de ternura, era intrépida. Rosalía vivió en tiempos agitados. De niña, había tenido la experiencia del reinado del Terror en Francia; su familia había escondido en la casa a un sacerdote refractario. Ella llegó a París bajo el gobierno de Napoleón, cuando la Congregación de los Sacerdotes de la Misión había sido suprimida y las Hijas de la Caridad no llevaban el hábito. Conoció las revoluciones de 1830 y 1848 así como las terribles epidemias de cólera de 1832, 1849 y 1854.

Rosalía circulaba entre los enfermos y moribundos, sin temor por su propia salud. Junto con sus Hermanas, llevó constantemente ayudas a los miles de víctimas del cólera. Acompañaba a los miembros de la nueva fundación de las Conferencias de San Vicente de Paúl que trabajaban con ellas entre personas afectadas por el cólera.

Los episodios más célebres del valor de Sor Rosalía tuvieron lugar durante las revoluciones. Como Rosalía con sus Hermanas escondió a los revolucionarios, el Sr. Gisquet, Prefecto de Policía, firmó una orden de detención contra ella. Pero los policías locales dijeron a su jefe que esta detención haría que se sublevara todo el barrio Moufetard. Entonces, Gisquet fue él, en persona, a comunicar a Sor Rosalía dicha orden de detención. Ella replicó: «Yo soy Hija de la Caridad; no tengo bandera, vengo a ayudar a los necesitados dondequiera que los encuentro, trato de hacerles el bien sin juzgarlos, y, se lo aseguro, si usted mismo fuera perseguido y me pidiera ayuda, no se la negaría19». El Prefecto dio por terminado el asunto.

Durante la revolución de 1848, un violento combate lo destruyó todo en la Ia ciudad. El Arzobispo de París, animado por Federico Ozanam, subió a las barricadas paira intentar detener la matanza pero fue asesinado y el combate se reanudó con mayor intensidad, causando miles de víctimas. El general Cavaignac decidió entonces bombardear sin piedad el barrio Mouffetard, no obstante, ofreció antes a las Hermanas una escolta para conducirlas a un lugar seguro. Sor Rosalía respondió a su mensajero: «Señor, dé las gracias al General y dígale que nosotras somos las Siervas de los Pobres y también sus madres y que queremos morir con el ellos20». Rosalía y el General, que, más tarde, llegó a ser Presidente de la República, se hicieron amigos y tenían una profunda admiración el uno por el otro.

El Vizconde de Melun dice que durante esta misma Revolución de 1848, un oficial de la Guardia móvil buscó refugio en la casa de las Hermanas. Llegó a la puerta perseguido por los revolucionarios. Rosalía los detuvo gritando: «iAquí no se mata!… Por mi abnegación durante 50 años, por todo lo que he hecho por vosotrs, por vuestras mujeres y por vuestros hijos, os pido la vida de este hombre21». Y el oficial se salvó.

Dos preguntas para relacionar con nuestra vida:

  • ¿Ha conocido Hermanas que eran «mujeres intrépidas»?
  • ¿Cuáles eran algunas de sus acciones intrépidas?

4. Amiga de ricos y de pobres

Recientemente, he ido dos veces al Cementerio de Montparnasse para visitar iba de Rosalía Rendu, en la que siempre hay flores naturales. En la piedra sencilla, están grabadas estas palabras: «A Sor Rosalía sus amigos agradecidos: los pobres y los ricos».

Como San Vicente, Rosalía sabía ser amiga de unos y otros. Los pobres la querían profundamente, pues percibían que vivía verdaderamente lo que pedía a las Hermanas que la acompañaban en sus visitas. Según el testimonio de una de ellas, les recomendaba: «acoger a todo el mundo, hablar a los pobres con bondad y dignidad al mismo tiempo, no hacerles esperar. `Trátenles, decía, como tratarían a su padre, a sus hermanos, a sus hermanas22‘».

Pero los ricos también se sentían atraídos por Rosalía. Era una persona sincera Sus llamadas se les hacían irresistibles y sabía cómo movilizar sus energías y sus recursos para el servicio de los pobres.

Su correspondencia se dirigía tanto al Arzobispo de París, a los Superiores Generales, a los hombres políticos, a los doctores, a los jóvenes estudiantes, como a la familia y a los amigos.

Había tomado a Federico Ozanam y a sus compañeros como aprendices y así participó en el nacimiento de la Sociedad de San Vicente de Paúl.

Desde 1833 hasta la muerte de Rosalía, el Vizconde de Melun iba a verla al menos una vez por semana para escuchar sus consejos y obtener su ayuda para el servicio de los pobres. Entre quienes ayudaban materialmente a Sor Rosalía, se encuentran el Rey y la Reina, el General Cavaignac, al que he citado anteriormente, escritores y hombres políticos como Lamartine y Caubert y otros muchos políticos y administradores locales. El Embajador de España, Donoso Cortés, iba a casa de Rosalía todas las semanas para que le diera una lista de pobres a quien visitar. Cuando él mismo cayó enfermo en 1853, Sor Rosalía lo asistió hasta su muerte.

El 27 de febrero de 1852, se le concedió el premio de la Legión de Honor. El 18 de marzo de 1854, el Emperador Napoleón III y la Emperatriz Eugenia fueron a verla a su casa. Parece que la extraordinaria popularidad de Rosalía provocó a veces extrañezas entre sus iguales y sus superiores que a veces fruncían el ceño.

Era larga la cola diaria de los que querían entrar en el recibidor de la casa de Rosalía de la calle de I’Épée-de-Bois. Trabajaba eficazmente, escribía notas para acordarse de sus peticiones. Trataba siempre de encontrar una solución, no forzosamente completa por otra parte, para todas las necesidades que se le presentaban. No dudaba en pedir ayuda a aquellos mismos a quienes ayudaba. Además de sus Hermanas, comprometió a los mismos pobres, a los jóvenes estudiantes, a los sacerdotes, a los religiosos y también a los ricos, al servicio de los pobres.

Dos preguntas para hacer la relación con nuestra vida:

  • Han conocido ustedes, ciertamente, a muchas Hermanas amigas de los ¿Han conocido Hermanas que sabían movilizar a los ricos para ayudar a los pobres? ¿Cuáles eran sus nombres?
  • ¿Cómo lo hacían?

5. Fiel, a veces incomprendida, Hija de la Caridad

Entre todas las causas de beatificación de los miembros de nuestra Familia Vicentina, la que más me interesa es precisamente la de Rosalía Rendu. Era venerada mientras vivía. Quienes la conocieron dicen que nadie se ha parecido tanto como ella a San Vicente. Sus obras fueron maravillosas, pero también la fuerza de su oración era impresionante. Aunque fue tenaz e inquebrantable en la defensa de los pobres, tenía una «ternura infinita» en todo lo que a ellos se refería. Aunque de un nivel de instrucción no muy alto, aconsejaba a gentes de toda condición que iban a hablar con ella (lo que aceptaba con una pizca de humor)23.

Pero, hacia el final de su vida, Rosalía sufrió la desaprobación de sus superiores. Parece que los problemas sobrevinieron a finales del año 1830 y que el conflicto surgió bajo el mandato del Padre Nozo, Superior General24. Debido a un escándalo financiero y a la pérdida de una cantidad de dinero considerable para la Congregación de la Misión, se levantó una fuerte oposición contra el Padre Nozo. Los Padres Etienne y Aladel estaban entre sus adversarios más temibles. La noticia de este conflicto se publicó en los periódicos, de modo que todo París hablaba de ello. Por fin el Arzobispo de París se decidió a intervenir y redactó un documento de interdicción contra el Padre Etienne, el Padre Aladel y los otros. Rosalía, que deseaba que este asunto terminara apaciblemente y que tenía buenas relaciones con el Arzobispo, fue a interceder ante él. Se puso de rodillas, permaneció así largo tiempo y se negaba a marcharse, suplicándole que quemara la sentencia de interdicción contra los Padres Etienne, Aladel, Legot y Grapain, mientras que él mismo daba la razón al Padre Nozo25. Después de una larga resistencia, el Arzobispo cedió. Un relato atestigua que, al final de la entrevista, respondió a Sor Rosalía: Quémela usted misma y recuerde que la hago responsable ante el tribunal de Dios de la acción que me obliga hacer26.

Considerándolo hoy, se ve claramente que Rosalía, con su intervención, quería servir de mediadora para que se arreglara amistosamente un conflicto serio, pero el Padre Etienne, elegido poco tiempo después Superior General, permaneció bastante descontento de ella. Sólo un Padre Lazarista, el Padre Marion, fue a sus funerales: dijo que fue sin decírselo a nadie, pero no podía faltar porque debía mucho a Sor Rosalía.

Es interesante señalar que Rosalía no toleró, en su presencia, ninguna crítica contra el Padre Etienne, a pesar de las relaciones frías. Un día, en el recreo, una Hermana joven, con un poco de humor, hizo una observación sobre la corpulencia del Padre Etienne. Rosalía la reprendió más bien severamente: «Le tolero esta observación considerando su edad, pero no hubiera hablado usted así si hubiera pensado que Dios y San Vicente se hacen representar por sus Superiores»27Esto puso fin a la conversación.

Hemos visto cinco rostros de Rosalía Rendu. Con una personalidad tan rica como la suya, estoy seguro que podíamos hablar de otros muchos. Rosalía murió el 7 de febrero de 1856. Su madre había fallecido tres días antes, pero esta noticia llegó a Sor Rosalía.

Un autor contemporáneo, Elizabeth Jonson, escribe: «Los personajes paradigmáticos28 que emergen a lo largo de la historia se parecen a una Vía láctea lanzada entre cielo y tierra … un río centelleante de estrellas desciende en espiral del centro de la galaxia … para iluminar un camino en la oscuridad. Son mujeres y hombres que, en su tiempo y lugar, brillan como el sol con reflejos de divinidad, revelando a la comunidad el Rostro de Cristo. Destilan, en forma concreta y accesible, los valores capitales de la Tradición viva. La fuerza directa de su ejemplo actúa como un catalizador en la comunidad, forzando a reconocer que: sí, a eso es a lo que nosotros estamos llamados a ser»29.

Esto es, precisamente, lo que Rosalía nos dice hoy.

 

Notas:

1 La biografía de base fue escrita por el Vizconde Armand de Melun y se titulaba Vida de Sor Rosalía Rendu, Hija de la Caridad (París, 1857). Tuvo 13 ediciones. Las últimas biografías (ver la lista, cf Positio, «Biografía documentada», p. 306 y ss.), siguen, sencillamente, el trabajo de este colaborador cercano y amigo de Sor Rosalía.

2 Todas las citas de esta conferencia —excepto las citadas concretamente— están sacadas de la Positio Virtutibus et Fama Sanctitatis (Roma, 1993).

3 Romeo y Julieta, Acto III, escena II (ligeramente modificado).

4 «Sumario del Proceso Ordinario de París», p. 92.

5 Ibid, p. 56-57.

Vizconde de Melun, Vida de Sor Rosalía (París: J. De Gigord, 1929) p. 29. Positio, «Biografía documentada», p. 95.

7 Positio «Biografía documentada», p. 195

8 Ibid.

9 Ibid, p.195´196

10 Ibid. p.196-197

11 Ibid. p 199-180

12 Ibid. p. 180

13 Ibid. p. 181

14 Ibid. p. 208-209

15 Ibid. p.201

16 Ibid. p. 199

17 Ibid.

18 Ibid.

19 Ibid. p. 70.

20 Ibd. P.72

21 Ibid.

22 Ibid.p. 79

23 Ibd. 170

24 Ibd.p. 204

25 cf También Positio «Sumario del proceso ordinario de París» p. 43

26 Positio. «Biografía documentad»a, p.204

27 Positio «Exposición de las virtudes»

28 Personajes paradigmáticos: ejemplares.

29 Elisabeth M. Jonson, Friends of God and Prophets (Nueva Cork The Continuum Publishing Company, 199) p. 239

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