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SETENTA AÑOS ATRÁS

Hace pocos días recibimos la visita de una persona muy especial, el señor Luis Octavio Ramírez beneficiado hace 70 años por la Sociedad de San Vicente de Paúl de Medellín, donde creció y vivió por muchos años en las casas de la Institución, específicamente en la casa donde hoy funciona el Centro de Discapacitados Mentales (Edisme). Él nos escribe una carta y deja un mensaje motivador y ejemplar:

SETENTA AÑOS ATRÁS

“Como no mirar atrás, o como olvidar el pasado si fue ahí donde conocí el amor, la bondad, la caridad y una invaluable ayuda que nunca tendré como pagar.

Mi madre siempre repitió la misma frase durante toda su vida, “nunca tendré con que pagarle y agradecerle a la Sociedad de San Vicente su incalculable ayuda que aun en el momento de entregarles la vivienda que nos proporcionaron durante tantos años quisieron estar seguros de que podíamos subsistir sin su ayuda.”

Me pregunto si he sido injusto con un pasado que le dio a mi madre, a mis hermanos, hermanas, y a mí una casa donde vivir y aliviar nuestra pobreza.  Esta era la situación de mi madre viuda y la de 10 hijos huérfanos que no teníamos donde vivir o como ella decía, “sin un ranchito para criarnos, educarnos y poder salir adelante.”

La Sociedad de San Vicente y su presidente de aquellos años, Apolinar Villa Santamaría con su junta directiva obro el milagro de caridad con una vivienda primero en San Benito y luego en Las Palmas con San Lorenzo para esta mi familia grandemente necesitada pero amparada por Dios Grande y Misericordioso.

Vuelvo y digo que no se si he sido injusto al esperar tantos años para tratar de compensar en algo aquellos deseos de mi madre y hacer echo de sus palabras con el agradecimiento a la Sociedad de San Vicente, pues lo cierto es que quiero y tratare de retribuir en alguna medida su agradecimiento.

Mirando atrás me encuentro con aquella época en que la pobreza y la necesidad me ensenaron del amor, la humildad, la sencillez, y el respeto y me alejaron del orgullo, la soberbia, la envidia, y la ingratitud pues mi madre nos repitió siempre que la pobreza era un motivo de dignidad y no de deshonra.  Me pregunto cuántos de los que recibimos de San Vicente nos acordamos o regresamos para agradecer.

El evangelio de Lucas, “Jesús san a diez leprosos,”  habla de que Jesús, al seguir su viaje a Jerusalén, paso entre las regiones de Samaria y Galilea y al llegar a una aldea, le salieron al encuentro diez hombres enfermos de lepra, “pero se quedaron lejos de El y gritaron: Jesús, Maestro, ten lastima de nosotros!” Cuando Jesús los  vio, les dijo: “Vayan a presentarse a los sacerdotes.”  Y mientras iban, quedaron limpios de su enfermedad.  Entonces uno de ellos, al verse limpio, regreso, alabando a Dios con voz fuerte.  Se arrodillo delante de Jesús, bajando la cara hasta la tierra, para darle gracias.  Y este hombre era de Samaria.  Entonces Jesús dijo: “¿Acaso no eran diez los que quedaron limpios de su enfermedad?”  ¿Dónde están los otros nueve?  ¿Es este extranjero el único que volvió para alabar a Dios?”

Entonces le dijo al hombre, “Levántate y vete; has sido sanado porque creíste.”

Cuantos hemos recibido y cuantos regresamos?  La Sociedad de San Vicente nos espera con los que hoy necesitan ayuda.  Aun con pequenas ofrendas podemos aliviar sus necesidades.  Gracias San Vicente y Dios.  Espero siempre bendigas esta obra grandiosa y caritativa con los pobres y necesitados.  Ayudanos a ser gratos y no olivdar lo que un dia hicieron con nosotros”.

 

Octavio Ramirez

 

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