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UN ATAJO EN LA VIDA

Federico Ozanam ve un futuro promisorio, ya tiene bajo el brazo el título de doctor en leyes, que lo llenan de euforia porque era el mayor deseo de su padre a quien él ama y desea satisfacer. Pero íntimamente, en su profundo interior, hubiera preferido ser un servidor de Cristo, vistiendo el hábito sacerdotal y con su grey a su cuidado. Un apostolado para la iglesia y una vida a su servicio.

Bueno, de todos modos, piensa, con otra profesión también se puede servir a su Señor y propagar la fe que ardientemente posee. Dios decidirá ese futuro.

Por lo pronto, ha aceptado el cargo de defensor en las causas que el juzgado le asigne. Son personas que debe defender ante una acusación y que se ven detenidas por la justicia. También, considera un apostolado y con él darle cabida a una santificación de su vida.

No demora en recibir su primer caso:

Es un hombre que fue detenido por agredir a una familia que abusaba de una propiedad que él como dueño requería por no recibir la renta que habían firmado en un documento que portaba en sus manos. El dueño pedía justicia para ese derecho burlado. Quería le devolvieran su casa de inmediato.

La causa era muy clara. Su defendido tenía toda la razón para estar sulfurado ante una injusticia manifiesta al no recibir  la renta donde se especificaba el compromiso adquirido. Se debía proceder a la desocupación del inmueble y a reconocerle el dinero justo.

Ganó la causa y recibió un apretón de manos de su defendido y la satisfacción de hacer cumplir las leyes que había jurado defender.

Pero, un poco después…¡que desengaño y dolor! remordimiento íntimo y malestar en su alma porque ese primer triunfo de su título de abogado, tan bien ganado, se convertía en una farsa y derrumbe.

La familia que recién fue sacada por la ley era la de una viuda, cuyo esposo fue asesinado hacía poco y los medios de subsistencia habían llegado a menos, siendo una familia que gozó de comodidades, ahora se veía abocada a la mendicidad y más cuando con pudor no lo podía hacer.

Ozanam, lleno de dolor, puso todo su empeño en aliviar la situación, pero el mal ya estaba hecho. Con el alma hecha añicos, juró desde ese instante abondar la carrera de la abogacía, que lo había llevado a tremendo desacierto y emprender otro camino para ayudar al pobre. ¿Cómo lo haría? En las manos de Dios puso su porvenir.

Sus dotes como escritor lo llevarían a demostrar que en esta vida nuestra misión es la de ayudar al necesitado. Vivir para servir, será la meta de su vida y el buen Dios lo conducirá, sin duda, a encontrar el camino para esa realización.

Fue Ozanam un vidente y líder en la caridad, como lo fue San Vicente de Paúl su patrono en el futuro. Hoy veneramos, no al abogado, sino al escritor al hombre, que fue el que le dio UN ABRAZO AL MUNDO CON LA CARIDAD.

Arturo González Ch.

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